Espacio de difusión, debate y reflexión sobre usos y destinos del conocimiento. Entrevistas, informes especiales que nos ayudan a pensar límites y posibilidades para aportar a transformaciones sociales
Se considera a menudo la antropología como una colección de hechos
curiosos, que narra el aspecto peculiar de gentes exóticas y describe sus
extrañas costumbres y creencias. Se la considera como una diversión
entretenida, evidentemente sin ninguna influencia sobre la manera de vivir de
las comunidades civilizadas. Esta opinión es equivocada. Y lo que es más,
espero demostrar que una clara comprensión de los principios de la antropología
ilumina los procesos sociales de nuestra propia época y puede mostrarnos, si
estamos dispuestos a escuchar sus enseñanzas, lo que debemos hacer y lo que
debemos evitarFRANZ BOAS (1928)
Imagen libro: Estudiando la Contrainsurgencia de Estados Unidos Gilberto López y Rivas, 2012
Desde el próximo 27 de mayo de 2020 podrá verse la Webserie "Paradojas del Nihilismo, la academia". Una serie produzida por el colectivo chileno PLIEGUE y que, a priori, resulta tentadora abordando algunas cuestiones que forman parte de la universidad. Seguramente dejará gran cantidad de aspectos sobre los cuales debatir y reflexionar. "En la lógica moderna el papel de la universidad era convertir al pueblo en experto, en la lógica contemporánea el papel de la universidad es sustituir al pueblo por expertos". ¿Cómo actúa el sistema de redes y prestigios en la Universidad?. Algunas de esas cuestiones se anuncian como temas de abordaje de esta webserie. ¿Cuántas de las cosas que allí se vean tendrán que ver con el modelo chileno y cuantas de ellas serán universales?. Ampliamos la invitación compartiendo la nota publicada en CNN Chile presentando "Paradojas del Nihilismo, la academia"
Paradojas del Nihilismo: La academia” es el nombre de la serie que verá luz este 27 de mayo, consta de 6 capítulos y relata una profunda crisis en la universidad como institución y los problemas que son tabúes y secretos a voces entre académicos.
Producto de una investigación de tres años y adjudicado un Fondo Audiovisual en 2019, Pliegue, colectivo que busca democratizar la filosofía y la estética contemporánea, estrena Paradojas del Nihilismo: La academia.
Con un equipo audiovisual liderado por mujeres, la webserie muestra el triunfo del neoliberalismo cognitivo en las universidades y cómo se convirtieron durante los últimos 30 años en centros de acreditación, impresoras de títulos, compañías que producen empleados y productoras de papers que nadie lee.
Un trabajo de documental y ensayo fílmico, que incluye voces como la de María Olivia Monckeberg, Hassan Akram, Raúl Rodriguez Freire, Raúl Villarroel y Carlos Ossa. Ellos y otros que reflexionan y analizan la actual desilusión del sistema educativo, que pone en la mira a la figura del intelectual precarizado, la del intelectual elitizado, así como el sentido mismo de las instituciones donde circula el saber.
La idea de hacer la webserie nace de la misma resistencia al mundo de los papers, a la cosificación del conocimiento, que justamente Pliegue busca hacerlo más accesible.
“Investigando los alcances que tienen los papers, nos encontramos con otros problemas asociados a lo mismo y también con profesores que ya no creían en la institución o en la manera en que se genera conocimiento, y comenzamos a pensar en una serie documental”, cuenta el equipo de Pliegue.
Durante la realización, experimentaron algunas dificultades por ejemplo, al intentar hablar con algunos académicos que no querían exponerse a hablar en contra de sus mismos lugares de trabajo. Hubo resistencia de varias instituciones, privadas y del gobierno que no quisieron referirse al tema de los papers y mucho menos las revistas mismas de publicaciones académicas.
“Nos dimos cuenta de que el tema en las universidades en realidad es tabú, y que se relaciona con la forma en que se desarrolla la carrera docente y de investigación. Todo sostenido en base a secretos, acoso, abuso, contactos en vez de mérito, etc. Así mismo comprendimos que el lucro se construye con pequeños actos de hipocresía sistemática que realizan las mismas personas que componen la academia. Existe una complicidad pasiva. Hay comodidad dentro de un sistema que no le gusta a nadie. No hay personas en particular que activamente tengan un rol en el detrimento de la universidad. Es más banal y es el resultado de pequeñas decisiones de muchas personas y que en conjunto nadie se hace cargo. ¿Por qué? eso es algo que intentamos problematizar en la serie. ¿Por qué sostenemos sistemas que nos oprimen? Y, ¿hay alternativas reales de construir otros modelos de creación de conocimiento?”.
Desde el 27 de mayo, y los miércoles en adelante, podrán ver la webserie de forma gratuita por el mismo canal de YouTube de Pliegue.
Un aspecto que merece ser debatido y abordado en profundidad es el del llamado "mercado laboral". Qué pasa con quienes pasamos años, tiempo, dinero, frustraciones, angustias, alegrías que hacen parte de la vida estudiantil y al llegar al final entramos en esa suerte de vacío que se traduce en un ¨¿y ahora qué?". Much@s intentan ganar un lugar durante sus años de estudiantes intentando "adquirir experiencia", o tejer las redes necesarias para cuando, tras la obtención del título, hacerse de un lugar en el mercado laboral. Qué sucede con las becas y su distribución?. La vida universitaria, muchas veces sacralizada, no merece acaso ser reflexionada e interpelada?. Estas y otras cuestiones también hacen a los usos y destinos del conocimiento. Su lugar político y económico...Y también como mercado. Marina Güemes invita a reflexionar en este artículo publicado en el periódico El Espectador de Colombia acerca del mercado del trabajo para profesionales, las ofertas de empleos y salarios en un mundo en el que, según afirma, "Nuestros años de estudio son papel mojado"
Por Marina Güemes
Hoy estaba mirando ofertas de trabajo, dado que, como muchos jóvenes, nos encontramos en la misión de búsqueda y captura de una oportunidad para entrar en el mundo laboral, cuando he visto un portal ofertas de trabajo para recién graduados más de 500 solicitudes ofreciendo salarios que no llegan ni al mínimo interprofesional.
Entiendo que todo esto es considerado “normal”, habitual, y es algo a lo que estamos acostumbrados desde hace varios años y que, seguramente, después del COVID-19 esto será aún más común.
Nos han enseñado a estar agradecidos por tenernos meses sin cobrar porque “estamos adquiriendo experiencia”, “el nombre de mi empresa en tu CV te va a introducir en el mercado laboral”. Hemos normalizado el hecho de que, después de carrera, máster, certificados de idiomas, cursos y múltiples especializaciones, tengamos que mendigar que nos acepten como pasantes, becarios y que, si tenemos suerte, nos paguen.
Muchos de estos puestos son ofertados por empresas, instituciones y organizaciones, como las agencias de Naciones Unidas, cuyos trabajadores tienen unos salarios cinco veces por encima de la media, pero cuyos “becarios” no cobran. De esta manera solo aquellos privilegiados que pueden permitírselo pueden optar a ello, el resto tiene que ser un “crack” y que alguien con voz lo proclame o estudiar algo “que tenga futuro”.
Recuerdo que cuando éramos pequeños me decían mis padres: “¿Tú qué quieres ser? Haz lo que te apasione, persigue tu sueño” y lo que me he encontrado es: “Haz lo que te dejen, encuentra un trabajo en lo que puedas”; “¿qué es lo que da más dinero? Estudia eso”, o “bueno, aunque no te guste, al menos cobras”. Nuestros años de estudio son papel mojado, los grados, máster, se convierten en polvo en el cajón y año tras año pierden su valor en el mercado.
No obstante, es verdad, aún podemos empezar un proyecto por nuestra cuenta, aventurarnos a emprender, a construir algo, pero no todos son capaces de ello, no todos tienen ese objetivo. Hemos creado un mercado laboral de los mejores, de los mejores expedientes y “de etiqueta”; lo que deja atrás a muchos que piensan diferente, que tienen cualidades óptimas, pero no pueden demostrarlo en dos folios o no pueden permitirse el lujo de ser becarios.
El talento se vende a precios de todo a cien, muchas veces realizando funciones que nada tienen que ver con el puesto, ya que sale más barato un becario que un asistente. Nos están dejando sin sueños, sin pasiones, sin ganas de volar, porque eso no da dinero.
Nos define un papel con nombre de otros, nos volvemos locos por conseguir becas, “internships”, nos hipotecamos para pagar máster para conseguir un puesto en cualquier sitio, aunque sea sin contrato, por 400 euros y si tienes suerte, cotizas. Todo ello me deja con la duda de dónde viven aquellos que publican dichas ofertas, pero tener un techo no suele bajar de los 300 euros en las grandes ciudades. Entiendo que comer está sobrevalorado.
Supongo que tendremos que reinventarnos para sobrevivir, bajar la cabeza y seguir suplicando la limosna para poder “llegar a ser alguien”, no te quejes, no discutas, confórmate, porque al final del día “no sabes la suerte que tienes de poder estar ahí, aunque sea sin cobrar”.