sábado, 30 de junio de 2018

IV.2. Legalidad vs. Ilegalidad (O quiénes tienen derecho a habitar la ciudad)


La relación legal/ilegal es una marca a fuego en toda la historia de la ex AU3. Desde la ocupación de casas hasta la lucha por obtener el reconocimiento del Estado, lo legal se ha convertido en la clave para exigir derechos pero también es un modo de identificación.

Reclamo de vecinos exigiendo el cumplimiento de las leyes. Fuente sitio web: vecinosdelaexau3.blogspot.com
Así como señalé continuidades existentes entre ocupantes y propietarios, marcando también que no existen demarcaciones físicas que determinen un adentro y un afuera del barrio, ser o no de la traza de la ex AU3 implica posicionamientos políticos y representaciones sociales muy fuertes. Aquí lo ilegal y lo legal se expresan fuertemente en este sentido.
 En una de las reuniones de vecinos propietarios (o frentistas), uno de ellos manifestó “queremos recuperar nuestro barrio, que se solucione el problema habitacional de los ocupantes de la traza de la ex AU3, sin olvidar nuestros derechos como vecinos”. Pese a ser reconocidos y legalizados, continúa habiendo una demarcación entre “ocupantes” y “vecinos”. Entre los ilegales y los vecinos que “pagamos nuestros impuestos”. Esta forma de alteridad que define la historia de la civilización y la barbarie, sobre la que hemos profundizado, muestra cómo el espacio público representa aquellos ideales burgueses referidos por Habermas. El derecho y la ley asociados al esquema burgués marcado por la propiedad, en términos económicos, y por el modelo civilizatorio e higienista, en materia ideológica.
Lo legal y lo ilegal se hacen presente en la concesión de derechos, al mismo tiempo que es una forma de legitimarse por parte de los vecinos de la traza y ser reconocidos como tales para lograr ser encuadrados como sujetos con derechos luego de la sanción de la Ley 324. En este punto es donde creo que es posible sostener una de las hipótesis planteadas para este trabajo. La lucha de los vecinos de la ex AU3 desafía el modelo de identidad de la Argentina “blanca”, “civilizada” y “culta”. La barbarie representada por lo popular y las clases desposeídas lograron a través de su lucha, el reconocimiento del propio Estado liberal burgués y ubica a los vecinos de la ex AU3 en un plano de igualdad que les reconoce el derecho a la propiedad y a vivir en la ciudad. Más aún, a vivir en el mismo barrio obligando al Estado a cumplir con ese derecho. Y, como si fuera poco, impidiendo al Estado recurrir a desalojos forzosos.
Durante la gestión de Mauricio Macri, funcionó en Buenos Aires la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP), un grupo de choque que actuaba violentamente contra, mujeres, hombres, niños, ancianos, etc., en situación de calle que ocuparan plazas, veredas o viviendas[i]. La legalización de los habitantes de la ex AU3, evitó que la UCEP actuara sobre ellos y los desalojara como había hecho el Estado previo a la ley de 1998.

Portada del periódico argentino Página/12 del 5/11/2009
Más allá de ser una protección y una figura asociada al derecho, el concepto de “legalidad” es también una categoría antropológica de producción de sentidos que representa tensiones al interior de los grupos. La categoría de ilegal tiene cargas negativas para algunos vecinos de la ex AU3, lo que se observa tanto en las opiniones sobre vendedores de drogas como en las representaciones sobre la propiedad. Muchos de los vecinos eran inquilinos de las propiedades que fueron expropiadas a principios de los ’80, por la dictadura y consiguieron quedarse en algunas de las casas que quedaron en pie. En tanto ya eran habitantes del barrio, Otros comenzaron a llegar y a ocupar viviendas en los años siguientes y ante la falta de una vivienda propia vieron la posibilidad de acceder a un espacio ocioso que dejaba el Estado.
Si bien ambos grupos de vecinos forman parte de los habitantes de la ex AU3, algunos consideran que tienen más derechos que otros que “usurparon ilegalmente”[ii].
Es así como términos “legalidad” e “ilegalidad”, asociados al derecho burgués son representativos a la hora de pensar el espacio público. Tanto para los espacios de poder, para aquellos vecinos propietarios como al interior del propio grupo de vecinos que demandan.




[i] Sobre el accionar de la UCEP, el Jefe de Gobierno de Buenos Aires fue citado a prestar declaración en sede judicial. Ver: httpsww.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-162997-2011-02-24.html
[ii] Entrevista personal con una de las vecinas que habitaba la ex AU3 desde antes de la expropiación.

Parte V. La gestión neoliberal. Entre la expulsión, las luchas y el consentimiento.

El gobierno de Mauricio Macri reavivó muchos de los conflictos existentes al interior de los grupos y puso en juego todas las categorías e hipótesis que presenté hasta aquí. En primer lugar, luego de años de tensa calma, las políticas públicas destinadas a la ex AU3 trajeron algunas modificaciones a la antigua ley: principalmente anuló la entrega de créditos hipotecarios reemplazándolo por un sistema de subsidios. En resumen, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le entregaba un determinado monto en dinero a cada familia de la ex AU3 (un monto muy inferior al valor de una propiedad en la zona). Una vez recibido el dinero, esa familia debía abandonar la vivienda que ocupaba; luego el Estado llevaba adelante la demolición total de esa propiedad para evitar “errores” anteriores e impedir que vuelvan a ser ocupadas. De esta forma el Estado podría disponer de esas tierras para construir un nuevo barrio prometido y ansiado a inversores inmobiliarios. Es así que tal como sucedió en los años de dictadura cuando las empresas de la familia Macri fueron beneficiarias de las políticas de obra pública, ahora las políticas de expulsión se hacen bajo su gestión de gobierno[i]. Lo interesante del período de Macri y el retorno de las políticas neoliberales que comenzaron en la Ciudad de Buenos Aires, es que pone de manifiesto las hipótesis mencionadas.
En primer lugar y, quizás el más significativo, la lucha de los vecinos de la ex AU3 vino a patear el tablero de la historia argentina y de su identidad moderna, civilizada y blanca. Logrando no solamente el reconocimiento del Estado sino también efectos concretos. Las nuevas políticas neoliberales de la Ciudad intentaron comprar la lucha vecinal ofreciendo un dinero para salir de la ciudad. Esta vez sin el uso de la fuerza pública pero sí con el uso de algunos profesionales de las humanidades que ayudaron a persuadir a los beneficiarios de que debían aceptar el dinero del subsidio. Vale decir que la opción del subsidio era una de las dos posibles, la otra opción continuaba siendo la construcción de viviendas que debía afrontar el Estado pero quería evitar.
En este momento retornan las luchas de los vecinos quienes vuelven a organizarse apelando a la historia que los llevó a la conquista de la ley en 1998. Fue así que muchos vecinos decidieron organizarse nuevamente para rechazar el dinero del subsidio ya que consideraban “no alcanza para comprar una propiedad y busca que salgamos de la ciudad”. Así fue que se organizaron festivales, asambleas semanales donde discutir las diferentes posiciones, entrevistas con legisladores y todo un accionar político popular. En muchas de las reuniones en la Legislatura, a las que pude asistir, muchos diputados proponían tomar ese dinero que “es un presente porque no tienen que devolverlo y pueden comprar una vivienda en cualquier parte aunque no sea en la ciudad”. Decía que aquí se ponían en juego muchas de las categorías y alteridades que mencioné anteriormente. Los vecinos que bregaban por la construcción de viviendas sostenían que el gobierno estaba comerciando con los terrenos públicos y que buscaba evitar construir viviendas sociales.

Demolición de las viviendas que eran abandanodas por los vecinos que caeptaban los subsidios

Afiche del gobierno de la Ciudad Buenos Aires anunciando el remaate de los terrenos que ocupaban las viviendas demolidas de la ex AU3




Unos de los edificios que forman parte de la viviendas sociales
 para habitantes de la Ex au3
Muchos vecinos aceptaron el subsidio y hubo una considerable cantidad que lo rechazó. El Gobierno de la Ciudad empezó a construir viviendas sociales en el año 2011. Se trataba de departamentos en edificios de tres pisos, que tendrían una cuota y podrían ser pagadas a muy largo plazo. En 2014 comenzaron a ubicarse a las familias en las nuevas viviendas, a pesar de que la construcción sufrió algunas interrupciones porque los vecinos reclamaban poder supervisar (no siempre con éxito), con especialistas independientes, que la obra cumpliera con las reglamentaciones vigentes; además existe el reclamo de que la obra no podrá cubrir a todos los que optaron por la vivienda. 



En este momento, ya con las viviendas sociales construidas, se está abriendo un nuevo proceso de lucha y de denuncias que manifiestan que las obras no han sido realizadas adecuadamente, lo que se expresa en graves problemas edilicios, deficientes instalaciones en servicios, denuncias de pérdida de gas en los nuevos edificios. Una serie de reclamos que actualmente se están produciendo y que están dando lugar a un nuevo capítulo en la historia de la ex AU 3 y la lucha por la vivienda. Muy a su pesar el Estado de Buenos Aires, la ciudad que mejor representa a la Argentina blanca, debió aceptar solucionar el problema habitacional de la ex AU3. A pesar de que el problema sigue vigente y restan soluciones, podemos decir que fue la lucha de los vecinos la que quebró las estructuras históricas.  La que enfrentó políticas represivas y neoliberales por igual así como la estigmatización social de quienes consideran que se trata de una población que no merece tales beneficios.
Por otro lado, junto a la hipótesis que muestra una subversión frente a la histórica narrativa oficial, vimos que a escala micro, existen ciertas formas de consenso que muestran las complejidades de la vida urbana. El acceso a nuevas viviendas también puso de manifiesto el modo en que el discurso liberal y meritocrático se hace eco en los propios oprimidos. Previamente había acontecido con quienes aceptaron el subsidio bajo la creencia de ser un regalo, un obsequio que el gobierno concede. En ésta oportunidad, para muchos vecinos el acceso a la vivienda se produjo “gracias a que por primera vez un gobierno nos escuchó y construyó viviendas”. El agradecimiento al gobierno de Mauricio Macri aún persiste en algunos de los beneficiarios. Esto también vuelve a provocar nuevas formas de alteridad ya que por otro lado están los que aseguran que “esto fue un triunfo nuestro, de más de 30 años de lucha”. Y, al mismo tiempo aseguran que “lo que sucede es que aquí hay muchos que nunca lucharon y hoy tienen una casa gracias a nosotros y no al gobierno”. Estos debates y construcción de alteridades se suman también al discurso de la meritocracia que logra tener éxito también en las clases trabajadoras y populares cuando se considera que alguien no merece el beneficio “no puede ser que les den dos departamentos porque tienen una hija embarazada y le dan otra casa para ella y el marido”. Si bien la ley contempla esa posibilidad para evitar el hacinamiento, existe un fuerte rechazo entre vecinos a la hora de evaluar quien merece el beneficio y quién no.
Considero que el caso de la ex AU3 resume buena parte de la vida urbana, las políticas públicas y las luchas populares. Así como también demuestra que lejos de ser homogéneos, tanto la vida urbana como los procesos de luchas, son bien complejos y heterogéneos. Generan identidades, conflictos y contradicciones



[i] El Grupo Macri contaba con algo más de cinco empresas al comenzar la dictadura militar en 1976. Pasó a tener cuarenta y siete empresas en 1983, al acabar la dictadura. Entre algunas de las herencias se cuenta la estatización de la deuda externa privada en 1982 que favoreció a las empresas del nuevo Jefe de Gobierno que se ocupó especialmente de los terrenos de la ex AU3. Y, a modo de completar el círculo y ayudar a la comprensión del problema en cuestión, la familia Macri se benefició con la privatización del servicio de recolección de residuos de la Ciudad de Buenos en Aires decretada por el entonces Intendente, el Brigadier Osvaldo Cacciatore. De esta forma, la gobernación Macri permite entender algunas vinculaciones con el comienzo de la historia de la ex AU3. Para una aproximación inicial ver periódico Infobae, versión digital https://www.infobae.com/america/opinion/2017/01/30/macri-y-la-dictadura/


Parte VI: Reflexiones finales: lo personal y lo profesional. Desafíos y compromiso




       Este trabajo forma parte de un largo trabajo de campo que moviliza mis dimensiones subjetivas y analítico-reflexivas. Como diría Norbert Elias tiene que ver con un trabajo de compromiso y distanciamiento. Fui parte de este proceso de lucha como habitante primero y como antropólogo después.
Desde el año 2003 hasta 2016 fui habitante de la ex AU3. Conocí de cerca su problemática, su historia y me vi afectado por el desarrollo de los acontecimientos. En el año 2008 ingresé a la Licenciatura en Antropología Social y empecé a ver el problema de mi barrio como un problema de investigación. Empecé a observar desde una óptica más analítica que me permitió ser parte del problema pero que, a la vez empezaba a observar otras cuestiones como las identidades, la aparición del consenso entre mis vecinos, las formas de clasificación y alteridades. Fue así que nació mi interés en escribir sobre la ex AU 3 y así se lo hice saber a varios de mis vecinos más cercanos. Esta investigación se propuso ser la tesis final de licenciatura pero luego el tema acabó siendo otro ya que el proceso de lucha no estaba culminado aún y había mucha incertidumbre. Me permitió conocer a muchos otros vecinos y adentrarme en sus historia de vida, conocer sobre la historia de este barrio que rompe con el imaginario nacional y también de la ciudad al estar ubicada en plena zona norte de la Ciudad de Buenos Aires: la zona más rica y próspera.
Muchos trabajos sobre la Ciudad de Buenos Aires, consideran la zona norte como la región más privilegiada de la ciudad y hablan de una segregación en degradé, desde el norte hacia el sur (Grimson, 2009). Y lo es, en parte, ya que allí se ubican los barrios más caros y más codiciados por el mercado. Y también es cierto que en la zona sur de la ciudad están los barrios más pobres, con mayores dificultades de acceso a hospitales, menos urbanizados. No obstante la ex AU3 muestra la presencia de un grupo de vecinos que decidió organizarse y que representaban lo contario a lo que muestra el imaginario urbano: existe un barrio pobre, de trabajadores desposeídos que reclaman el derecho a vivir en la ciudad y en la zona más rica.
Obra realizada por el artista italiano conocido como Blu, que decora una de las viviendas de la ex AU3
Así como el término “espacio público” puede significar un concepto liberal-burgués representativo de las democracias modernas y sus Estados nacionales, también es un concepto ideológico. En este sentido Manuel Delgado (2011) tiene razón cuando refiere a que espacio público es un concepto que forma parte de la “ideología ciudadanista” y que la defensa de la heterogeneidad acaba dividiendo a los oprimidos. También es cierto que no hay un pleno ejercicio de ciudadanía cuando hay oprimidos que son desplazados del diseño de la ciudad.  Pero no se trata de una defensa de la heterogeneidad sino de aceptarla como real. Tampoco se trata de adherir a los postulados liberales-modernos. Lejos de ello, se trata de comprender que, como intenté mostrar aquí, las luchas sociales de los oprimidos conviven con estas realidades. Y que, la creencia de que el gobierno de Macri “es el único que nos escuchó y construyó viviendas” nos habla de la existencia de un consenso social (que hoy explica buena parte de su éxito en la carrera hacia la presidencia). Del mismo modo en que los debates teóricos, muchas veces, desconocen lo empírico: que los propios oprimidos recurren y necesitan saber caminar el terreno de la legalidad, de la modernidad y de la ciudadanía para lograr el reconocimiento. Los habitantes de la ex AU3 no dejaron de ser trabajadores, pobres y estigmatizados. Pero su lucha ha sido reconocida y se ha transformado en viviendas y hoy viven en la zona más cara de la ciudad.
Max Weber (1998) y Antonio Gramsci (1998) teorizaron sobre el consenso social desde diferentes enfoques. Como académico pero también como político liberal, Weber definió al Estado como el monopolio de la violencia física legítima. La legitimidad y la legalidad se diferencian que la primera tiene que ver con lo que es aceptado socialmente. Y la segunda con lo que es considerado desde la ley. Intenté mostrar aquí como una cosa y otra pueden relacionarse y, en esta caso la legalidad ha servido para legitimar aún más una lucha que ya lo era para sus protagonistas. Pero que adquirió mayor reconocimiento cuando fue reconocida por la ley. La legitimidad es concedida por otros que reconocen esa lucha. Aún dentro de los propios luchadores que reconocían la importancia de la legalidad. Y también cuando muchos de ellos legitiman la noción de la legalidad a la hora de adjudicar mayor o menor legitimidad a los derechos de unos y otros colegas de lucha.
Desde una óptica diferente, desde el marxismo, Gramsci definió la hegemonía como la suma de coerción y consenso. Además de la explotación económica y de la dominación política y represiva, el poder se expresa a partir de una dominación hegemónica según la cual las clases subalternas legitiman la dominación. Dicho de otra forma, hay un consenso en el propio explotado para su dominación. Así el proceso de lucha política de los oprimidos deberá incluir una lucha contrahegemónica que combata los efectos materiales y simbólicos del poder.
                El caso de la ex Au3 demuestra la necesidad de atender los planos macro y micro. La manera en que el poder opera políticamente y las luchas desafían el símbolo de la Argentina liberal. Y también la necesidad de bajar a lo micro, de ver los efectos del discurso liberal, del mérito y de cómo se producen los consensos. Estos aspecto macro y micro que expresa la ex AU3 sintetizan buena parte de la vida urbana. Y, para los estudios sociales de la vida urbana se plantea un desafío a la hora de entender que el auge del nuevo sistema neoliberal adquiere formas que ya están presentes en lo popular. La carrera de Macri dirigiendo un club de fútbol, luego la Ciudad de Buenos Aires y hoy la Argentina ha sido exitosa en materia de aprobación y producción de consenso. Después de todo alguien dijo alguna vez que el capitalismo, a diferencia de otros sistemas anteriores es capaz de subsistir gracias a que el trabajador cree que puede ser patrón.
 Es hora de estudiar también a las élites y a estas nuevas derechas que apoyadas en discurso comunicacional, construyen hegemonía. Como dice Delgadillo quizá sea necesario estudiar a las esferas de poder y no tanto a los sujetos afectados.
¿Cómo se produce el discurso del poder?, ¿cómo se construye hegemonía y cómo la ciudad es el escenario de conflictos y heterogeneidades donde, como muestra la lucha de la ex AU3, conviven tanto las luchas por el derecho a vivir en la ciudad como la creencia en que hay que merecerlo?. Y, como muestra también la ex AU 3, conviven las políticas de higienización típicas de una historia nacional, como una lucha capaz de amenazarla y enfrentarla. Y eso es lo que mantiene esperanzas

Bibliografia

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BOURGOIS, Philippe (2010) En busca de respeto. Vendiendo crack en Harlem. Buenos Aires, Siglo XXI cap. 1y 4.

DELGADILLO, Víctor, DIAZ, Iban, SALINAS, Luis (Coord.). Perspectivas del estudio de la gentrificacion en México y América Latina. México: UNAM, Instituto de Geografía, 2015.  (113-132). 

Delgado, Manuel (2011). El espacio público como ideología. Madrid: Los libros de la Catarata.

DURKHEIM, Émile y MAUSS, Marcel (1996) [1903] “Sobre algunas formas primitivas de la clasificación”, en Clasificaciones primitivas (y otros ensayos de antropología positiva). Barcelona, Ariel.

Gómez Aguilera, Fernando (2004) “Arte, ciudadanía y espácio público” In On the w@terfront (5) Março, Pp.36-51

Gramsci, Antonio (1975)  Cuadernos de la cárcel, Torino, Einaudi 1975, pp. 419 y 1840-1841 (Q).

GRIMSON, Alejandro (2009) “Introducción: clasificaciones espaciales y territorialización de la política en Buenos Aires”, en Grimson, A., Ferraudi Curto, C. y Segura, R. (Comp.). La vida política en los barrios populares de Buenos Aires. Buenos Aires, Prometeo.

Habermas, Jürgen: “Offentlichkeit” (ein Lexiconartikel), Fischer Lexicon, Staat und Politik, 1964, pp. 220-226.

MÍGUEZ, Daniel (2006) ‘Presentación: transgresión y pobreza urbana: ideología, ética y teoría en la constitución de um campo. Etnografías Contemporáneas 2 (2)

SIMMEL, Georg (1986) “El espacio y la sociedad”, en: Sociología 2. Estudios sobre las formas de socialización. Madrid, Alianza Editorial.

Wacquant, Loic  (1997)2004 “Uma cidade negra entre os brancos”. Revisitando o gueto negro da América” In Politica e Sociedade (5) Outubro, Pp. 263-278 (versão original In Black Renaissance/Renaissance Noire (2) 1997)
Weber, Max. 1998. (1919). “La política como vocación” En: El político y el científico. Ed. Alianza.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Una mirada antropológica al artículo de Fernando Savater: “La ciudadanía democrática no es étnica”. (Retomando la puja universalismo vs particularismo)

Fernández, Sergio y García, Mónica[i]


En su artículo “La ciudadanía democrática no es étnica”[ii], el reconocido filósofo español Fernando Savater reflexiona acerca de lo que para nosotros, los antropólogos es una vieja discusión y que tiene que ver con la puja “universalismo” versus “particularismo”. Sin proponerlo en éstos términos, Savater ofrece un artículo que permite abordar la discusión relativista que ha sido parte del debate antropológico, pero lo hace desde un enfoque sobre el cual merece la pena puntualizar algunas cuestiones.


En primer lugar, su artículo comienza con la frase “las identidades culturales difieren de la condición política”. En tanto que asegura que las personas optamos y descartamos identificarnos o no en algún colectivo determinado, “en cuanto ciudadanos, somos ciudadanos del Estado”. El problema del relativismo y el universalismo nos ha servido para mostrar, por un lado, que existen diferentes y múltiples formas de interpretación y de vivir en el mundo. Formas de vida que obedecen también a múltiples factores sean éstos religiosos, consuetudinarios, culturales o identitarios, entre tantos otros posibles. Si nos apuramos a definir rápidamente a la identidad como un modo de reconocerse y ser reconocidos por otros, ésta es defendida históricamente por distintos grupos de personas que exigen su reconocimiento. En esa postura, se incluyen activistas, profesionales varios, funcionarios, antropólogos, etc. que reclaman el derecho de las personas a que las identidades sean justamente objeto de contemplación en los regímenes democráticos. Por otro lado, nos ha permitido comprender que el mundo y sus habitantes se relacionan de manera harto compleja como para poder definirla y sentenciarla en términos universales y totalizantes, por lo que se hace preciso conocer y atender demandas particulares. En este sentido, Savater resuelve el problema entendiendo que éstos particularismos no pueden separarse del demos:


“Dentro del demos de cada Estado democrático se da siempre una pluralidad más o menos amplia (…) de etnos diferentes y de mestizajes entre ellos. Pero el fundamento de la alianza política en democracia es el demos, es decir el fundamento legal compartido, y no ninguno de los etnos que se basan en condicionar la ciudadanía según requisitos prepolíticos genealógicos o tradicionalistas” (el resaltado es nuestro)


La afirmación de Savater puede expresar, por un lado, una salida al laberinto entre lo universal y lo particular en tanto que podría acercarse a una búsqueda igualadora que supere los enfoques estrictamente culturalistas que pueden ser una traba a la hora de construir ciudadanía.  En nombre del relativismo cultural, pueden aparecer ciertos peligros que, si bien el filósofo español, no menciona, corren el riesgo de no comprender las heterogeneidades presentes aún al interior de los diferentes grupos que habitan un Estado y, al mismo tiempo, dar espacio a justificaciones tan totalizantes como las que se pretende combatir. Este riesgo que, ha sido largamente problematizado por la antropología social en sus debates internos, sobrevuela también, la propuesta de Savater: referirse a un etnos que podría condicionar a la ciudadanía a “requisitos prepolíticos” implica reconocer una forma de política basada en la democracia occidental, su Estado y su ciudadanía como modelo universal al que se debería aspirar: “reclamar la vuelta al etnos como condicionante de la ciudadanía es un retroceso en el largo proceso de universalización democrática” (resaltado original).  Todo lo demás, cabe dentro de marcos “pre” políticos. Previos a la idea de civilización. Algo sobre lo que un Estado no puede volver sino quiere involucionar. No obstante, la lectura de Savater no deja de ser interesante para volver sobre esa vieja discusión que protagonizamos los antropólogos y que, en este caso, la filosofía de Savater, nos ayuda a retomar.


La construcción política de un Estado es un fenómeno por demás complejo. La existencia del propio Estado-Nación ya es una cuestión problemática en su análisis. Y, si queremos avanzar un poco más, podemos agregar que hacer antropología es meterse dentro de esas complejidades, atendiéndolas y asumir, luego, distintos posicionamientos. Discutir acerca de lo universal y lo particular es asumir una posición política. Una posición que asume Savater al proponer un modelo universal de democracia constitucional que nos iguale en derechos. Sin embargo, existen otras miradas acerca de la igualdad y acerca de los derechos: dos términos emparentados pero, como en toda familia, se trata de parientes que discuten.


El artículo de Savater aborda una temática nunca resuelta y sumamente necesaria. En ese sentido, apuesta por una idea de igualdad representada en los valores la democracia occidental. Su propuesta no es menor y contribuye a superar algunos postulados relativistas que muchas veces, en nombre del respeto a la diversidad cultural, contribuyen a reforzar estigmatizaciones y calificaciones que dan sustento a las voces más reaccionarias que se apropian de tales confusiones teóricas y políticas a las que la antropología supo contribuir. Es por ello que la propuesta por una democracia que nos iguale en derechos, pareciera caminar hacia una solución a la encrucijada que plantea la tensión entre lo particular y lo universal. En términos de Savater “el derecho a la diferencia se basa precisamente en que no haya diferencia de derechos”.


No obstante, ese derecho a la diferencia, el respeto por la diversidad o la tolerancia a las diferentes identidades que estaría garantizado por una avanzada democracia constitucional contribuyen a afianzar los valores del multiculturalismo donde prima la idea de "tolerar" al otro. Por otra parte, reconoce al otro como tal: como “otro” con una identidad diferente, cerrada y homogénea. Desconoce, por lo tanto, cualquier conexión intercultural. Fidel Tubino (2002) se refiere al multiculturalismo como una forma de tolerancia en la cual se expresa una noción de ciudadanía en la que se busca la implementación de políticas públicas tendientes a una relación de equidad entre diferentes grupos sociales a quienes deben concedérseles los mismos derechos. Por su parte, Ezequiel Fernández Bravo (2013) se refiere a un “paradigma multicultural” que pone el acento en la existencia de grupos subalternos que necesitan ser protegidos, dada su condición de subalternidad.


En los años ’90 en Argentina, en plena etapa neoliberal, paradójicamente, comenzó a instalarse en la agenda pública la problemática étnica. Tal es así que en su reforma del año 1994, la Constitución Nacional reconoce la preexistencia étnica de los pueblos indígenas así como su derecho a la posesión de tierras, el respeto a la diversidad étnica y el derecho a la convivencia frente a cualquier forma de discriminación. En ese contexto, puede decirse que, al menos en su faceta declarativa, el sistema democrático contempla el derecho identitario como Derecho Humano. Universal y no particular, sostenido en la Constitución Nacional. En este contexto, la propuesta de Savater encuentra su correlato en la Argentina. Vale decir que en los años ’90, primaba en la agenda de los gobiernos internacionales y, especialmente latinoamericanos -donde la lucha indígena ha sido vanguardia y ha cobrado especial visibilidad al cumplirse los 500 años de la invasión europea al continente- una política de corte multicultural donde la cuestión de la diversidad y la diferencia era un tema que ocupaba a los propios organismos internacionales. La democracia multicultural plantea lo que podemos resumir en la consigna “respeto a la diferencia” que necesita siempre de un asistente y un asistido. La igualdad de derechos ante la Ley garantiza el desarrollo del sistema democrático o, en términos de Savater, “priorizar factores étnicos nos retrotraería al derecho tribal”.


A la luz de estas expresiones, podemos retomar la idea de las ya superadas propuestas de los albores de la antropología que creían en la existencia de culturas estáticas y diferentes ocupando distintos estadios en el proceso evolutivo. El evolucionismo cultural ha sido superado en una disciplina como la antropología, que ha protagonizado profundos debates al interior del propio campo en los cuales la cuestión en torno al concepto cultura, ha sido fundamental. Esta visión que Savater expone advirtiendo el riesgo o el problema de un retroceso al “derecho tribal” combina, al menos, dos cuestiones íntimamente ligadas: por un lado la idea de retrotraer a una suerte de estadio anterior, pre-político, diría Savater. Por otro lado, y como consecuencia, el derecho tribal como resultante de  esa involución. Nada muy lejos de la ideología que construyó a los estados nacionales de América, donde lo blanco y europeo representaba el progreso, el modelo a construir frente al atraso indígena.


A modo de síntesis final, podemos decir que la idea de una ciudadanía democrática que no es étnica y la creencia de que la democracia occidental, léase la racionalidad europea, garantiza “una pluralidad más o menos amplia”, supone una visión enraizada en el propio concepto de Estado moderno como solución a los relativismos culturales. No obstante, su preocupación por una sociedad plural, democrática y con iguales derechos, poco dice si no se la problematiza en términos más complejos y profundos. Porque una política multicultural entiende a la democracia de la misma manera en que se presenta el mensaje de Savater: mostrando que siempre hay un otro, grupos a los que se los llama minorías que presentan identidades culturales casi estáticas que se diferencian de la condición política. Como respuesta al multiculturalismo y sus preocupaciones por asistir a esos grupos diferentes, exóticos que ante todo son subalternos, la corriente intercultural pretende considerar el conflicto. Esto es, admitir las luchas y tensiones que se dan dentro de los estados entre grupos que ante todo son personas que coexisten. Es decir, personas que se identifican y son identificados como cualquiera de nosotros. Hay una línea muy delgada entre “nosotros” y los “otros” que no puede ser establecida tan tajantemente como la plantea Savater. La presencia de inmigrantes en un país no implica una cerrazón homogénea que le atribuye una identidad compartida. En todo caso, la pertenencia a un grupo, cualquiera sea, lejos de diferenciarse de la condición política, muchas veces  representa un reclamo o acción política que interpela al Estado moderno. Y, en ese sentido, la propuesta del interculturalismo difiere de la noción de tolerancia o “aceptación de lo diferente”. En todo caso, busca asumir y reconocer las luchas como parte de un conflicto que no puede soslayarse. A modo de ejemplo Savater dice que las personas “van adoptando o desechando formas de ser (…) somos vascos, catalanes, bisexuales, filatélicos sin fronteras”, pero todo eso estaría supeditado a nuestra condición de ciudadanos. La visión de Savater expresa una visión racional del mundo, al mejor estilo positivista. Olvida, como es común en estos tiempos, la condición de clase de las personas, por ejemplo. Savater desconoce que los conflictos identitarios no necesaria o exclusivamente tienen que ver con lo que él llama “identidad cultural”. En todo caso, lo que le falta a su artículo es esa visión antropológica de desnaturalización de lo obvio. De distanciamiento con el sentido común que explica el mundo desde los valores racionales de la democracia occidental.  Ciudadanía, Estado de Derecho, Democracia. Identidad, cultura, pre-políticos, derecho tribal vs democracia civilizada y blanca.


El problema de éste artículo no es de Savater. El ha hecho pública su visión acerca de la cuestión sobre la independencia de Cataluña y no es nuestra intención entrometernos en ese tema ni en su posición al respecto. El problema es que los analistas políticos que se legitiman en los medios de comunicación contienen toda una serie de conceptos modernos que no alcanzan para explicar la convivencia al interior de los estados o de los pueblos y mucho menos las relaciones interpersonales. Lejos de clarificar, en el análisis político hegemónico, se acentúa la reproducción de expresiones generales y de sentido común donde el mejor ejemplo es el uso indiscriminado de la palabra cultura. Ningún antropólogo que se considere serio será capaz de atreverse a opinar de medicina, más que poder acercar algunos aportes vinculados a la cuestión social, tradiciones, etc. Mucho menos acerca de los avances en el tratamiento de enfermedades o vacunas. No sucede lo mismo con los términos cultura, etnia, diversidad, etc. Se necesita complejizar el debate y no dar respuestas acabadas. Es por eso que necesitamos incorporar preguntas antropológicas, experiencias de campo o etnografías que ayuden a restarle modernidad a los conceptos y que comprendan que no hay ciudadanía, ni Estado ni política sin conflicto. Sea étnico, cultural identitario, etc. Porque la concepción de la tan añorada democracia moderna no es ajena a la propia composición del sistema capitalista y desatender sus complejidades y su naturaleza desigual, es negar que la problemática de la identidad étnica o cultural que preocupa a algunos analistas es, ante todo la problemática por la desigualdad, la subalternidad y la marginación de las personas, dada por un sistema de jerarquías sociales.




Referencias bibliográficas


Fernández Bravo, Nicolás (2013) “¿Qué hacemos con los afrodescendientes? Aportes para una crítica de las políticas de la identidad”. En Cartografías afrolatinoamericanas. Bs As, Biblos


Tubino Arias-Schreiber, Fidel. Interculturalizando el multiculturalismo. Lima: PUC del Perú, 2002






[i] Lic. Antropología Social y Cultural, Universidad Nacional de San Martín. Argentina
[ii] Este artículo aparece publicado en la versión impresa del diario Clarín. Argentina, domingo 30 de noviembre de 2014, pág 44.

sábado, 19 de abril de 2014

Mónica García. Reseña de: Puertas Romo, Maira (2010) Del color de la piel al racismo. Prácticas y representaciones sobre las personas en el contexto escolar bogotano. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia. http://www.bdigital.unal.edu.co/8518/

Mónica García

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Nacida en España, formada como pedagoga, Maira Puertas Romo, ha cosechado una nutrida experiencia en el ámbito escolar. Su interés por las formas reproducción de las diferencias socioculturales, la ha llevado a participar activamente de movimientos sociales y relacionarse con personas inmigrantes en su país natal. Durante la década de 1990, con el auge de la inmigración latinoamericana en España, participó de distintas actividades políticas y encuentros dedicados a problemáticas de diversidad cultural y “multiculturalismo” que empezaban a  formar parte de discursos y agendas oficiales internacionales. Vinculada a una Organización No Gubernamental dedicada al problema de desplazados políticos, llegó a Colombia donde se estableció y comenzó su maestría en Antropología Social y cuya tesis ha dado origen al trabajo analizado aquí.
Desde un comienzo se traza el objetivo peguntarse por las prácticas y representaciones mediante las cuales se expresa el racismo. Especialmente le interesa estudiar la reproducción del mismo en el espacio escolar y las distintas formas que éste adopta tanto en estudiantes como docentes. El desarrollo de su investigación tiene lugar en dos instituciones educativas que le permiten abrir un amplio abanico de edades que incluyen la niñez y la adolescencia y que intervienen en el ámbito escolar.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Antropología aplicada para la transformación. Informe: Relaciones Sociales y situación laboral en el marco del Programa Argentina Trabaja- Inclusión Social con Trabajo.

Mónica García     

Resumen                                                          
                                                                                                                                        
El presente informe fue elaborado en el marco del área de Antropología Aplicada de la Universidad Nacional de Gral. San Martín. Este trabajo de investigación presenta distintos datos y sugerencias que pretenden dar cuenta de la necesidad de atender factores como las relaciones entre vecinos de un barrio; la confianza en el referente y, especialmente, la importancia de constituirse en una cooperativa de servicios donde poder aprovecharlos diferentes saberes. Se parte de la hipótesis de que a partir de la realización de actividades sustentables por parte de nuevas cooperativas se logarán sólidos argumentos para una mayor inserción de trabajadores desocupados así como también un importante espacio de socialización e interacción que repercutirá directamente en la vida de jóvenes y sus familias en barrios actualmente segregados.

domingo, 10 de febrero de 2013

Socialismo e interculturalismo. Aportes para abrir un debate acerca de las “verdades” de la modernidad



Ponencia presentada para las III Jornadas Internacionales de Investigación y Debate Político organizadas por el Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales.

Mesa: ¿Qué es el Socialismo?

 

Fernández, Sergio  y  García, Mónica


Introducción  
Frente a la pregunta ¿Qué es el socialismo? resulta inevitable preguntarse por dónde comenzar a abordar el problema. Desde este lugar, el presente trabajo defraudará a quienes esperen  una conclusión exacta y precisa que permita servirnos de definición cerrada para explicar el Socialismo y liberar así a nuestra conciencia de preguntas Sin embargo no hay dudas de que, para empezar a hablar de Socialismo debemos acordar mínimamente que se trata de la búsqueda de una sociedad donde se eliminen definitivamente las clases sociales, donde los pueblos logren vivir en comunidad siendo dueños no sólo de su fuerza de trabajo sino de los medios de producción. Este pequeño punto en el que podemos empezar a considerar la cuestión, supone en definitiva que para poder lograrlo, será necesario terminar con la propiedad privada de los medios de producción, tal como enseñara el propio Karl Marx, despojando a la burguesía urbana y rural del control de los mismos.
Ahora bien, lograr el control de los medios de producción y ponerlos en manos de los trabajadores resume, a muy grandes rasgos, la noción de la relación dialéctica que rige en la sociedad donde las clases sociales están en constante tensión y necesariamente el conflicto cobra un rol protagónico. Conflicto dado básicamente por la lucha de clases. Esta muy escueta y algo simplista aproximación al marxismo pretende dejar en claro en las siguientes líneas, nuestra postura como autores que plantean el  problema sobre ¿Qué es el Socialismo? a partir los principios del marxismo.

AGENDA: jornadas y eventos, charlas, convocatorias

Te invitamos a seguir la Agenda Una Antropología de la Parxis, un resumen diario sobre todo los relacionado a   congresos, charlas, convocat...